27 DE Abril DE 2017

– El asesinato del mayor magnate del mundo de los años 40 sigue sin resolverse 60 años después
– La investigación únicamente dió con un sospechoso, que fue absuelto más tarde

Sir Harry Oakes, nacido en diciembre de 1874 en Maine (Estados Unidos), poseía una de las fortunas más grandes del mundo gracias al negocio del oro. Fue un aristócrata al que asesinaron brutalmente en su mansión de Westbourne en Las Bahamas la madrugada del 7 al 8 de julio de 1943. El caso continúa sin ser resuelto.

El magnate fue encontrado en su cama boca arriba con signos evidentes de haber sido apaleado, torturado y, posteriormente, quemado. Tras ello, fue incendiada toda la habitación, dando la sensación de que el asesino quiso destruir las pruebas que pudieran incriminarle.

El suceso conmocionó a todos los habitantes de las islas y la noticia se expandió como la pólvora en plena Guerra Mundial. Incluso el rey abdicado de Inglaterra, Eduardo VIII, duque de Windsor y gobernador de Bahamas por aquel entonces, participó personalmente en la investigación.

Luces y sombras en una de las islas más sórdidas de la época

Y es que sir Harry Oakes era un personaje muy querido y muy odiado a partes iguales por los residentes de la isla. Por un lado realizaba muchas obras benéficas, por otro, el hecho de ser uno de los hombres más poderosos del mundo provocaba envidias en el mayor paraíso fiscal de la Tierra.

Pero, ¿cuál pudo ser el móvil del asesino o asesinos? Desde el principio se barajaron diferentes teorías. La población blanca residente en la isla se inclinaba por un asesinato relacionado con prácticas de magia negra, mientras que los nativos hablaban de un complot para poner freno a los derechos y medios de los que sir Harry Oakes les dotaba (mejores condiciones de trabajo, de vida, culturales…). 

A petición del duque de Windsor, la Policía de Miami cedió a dos de sus agentes para llevar el caso. La investigación fue larga y era seguida a diario por los periodistas, y se dice que incluso el presidente Roosevelt estaba al tanto del caso y lo seguía con interés.

¿Una acusación apresurada?

Los agentes interrogaron a todas aquellas personas que habían tenido algún tipo de relación con sir Harry, llegando a la conclusión de que el asesino había sido el yerno de Oakes, Freddie de Marigny; aunque en realidad no existía ninguna prueba concluyente.

Tal vez la presión de ofrecer un culpable a la opinión pública, marcó la acusación contra de Marigny porque habían encontrado restos de pelo quemado en sus manos y su barba estaba chamuscada.

Un culpable muy mediático: a sus 37 años era guapo, alto y delgado y tenía fama de cazador de fortunas. Además, vivía de fiesta en fiesta y resultaba especialmente odioso para los nativos de Bahamas, gente mayoritariamente humilde.

El juicio comenzó el 18 de octubre de 1943 y concluyó con el veredicto “no culpable”, con nueve votos a favor y tres en contra, al no encontrarse ninguna prueba concluyente que lo vinculara con el crimen. A pesar de ello, fue desterrado de las Bahamas y se refugió en Cuba.

Entonces, ¿quién mató a sir Harry Oakes? El círculo de posibles criminales es muy amplio. Pero lo cierto es que la respuesta a esta pregunta continúa siendo una incógnita.

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