30 DE diciembre DE 2016

Gracias a la identificación del ADN (ácido desoxirribonucleico), es posible conseguir la información genética de un individuo y determinar tanto su aspecto físico como ciertos rasgos de su personalidad.

La genética forense se encarga de su análisis en el campo de la criminología cuando se trata de:

• Delitos de agresión y asesinatos: el análisis genético de materiales biológicos como semen, saliva, sangre, heces, etc… facilita la identificación tanto de la víctima como del delincuente en un caso de investigación criminal.
• Identificación de personas desaparecidas: para casos de catástrofes en las que no hay posibilidad de identificar los cadáveres se realiza una prueba de ADN en los restos encontrados y se compara con posibles familiares o con objetos pertenecientes a la víctima usados previamente (cepillos de dientes o peines, por ejemplo).

Sin embargo, hay casos en los que no es posible realizar la prueba genética. Como los materiales son biológicos, es necesario recolectarlos dentro de las 72 horas posteriores al hecho criminal y han de cubrir unas cantidades mínimas. Por otro lado, existe la posibilidad de que el agresor haya contaminado las evidencias para invalidarlas. También hay que tener en cuenta que el sospechoso sin antecedentes puede negarse a la realización del análisis.

La finalidad de la prueba de ADN es aportar la información para poder incriminar al sujeto juzgado en un juicio. No obstante, no constituye una prueba definitiva. Tiene prioridad la identificación por testigos presenciales o de la víctima, por ejemplo. Además, a veces ocurre que las pruebas genéticas no coinciden con el sospechoso y sin embargo, es el culpable del hecho. Y, al contrario, puede también darse el caso de que el ADN hallado coincida con el sospechoso y sea inocente. Es el caso de las incongruencias encontradas en el caso del Estrangulador de Boston.

Sin embargo hay varios casos en los que el examen genético sí ha sido determinante, como el del chef Mark Dixie arrestado solo por disturbios, pero al hacerle el análisis se descubrió que había cometido un asesinato en Londres unos meses antes. O el caso de Keith Davidson, un violador reconocido a través del ADN de su hija que había sido detenida por un delito menor.

Metodología de análisis, paso a paso

1. Recolección: se recogen en la escena del crimen todos los materiales biológicos que puedan ser relevantes.
2. Clasificación: se procede a clasificar y etiquetar meticulosamente cada una de las muestras para llevarlas al laboratorio.
3. Cadena de custodia: el personal que realiza el traslado de las pruebas ha de estar especializado en preservar el material de posibles agentes o circunstancias contaminantes.

Y una vez en el laboratorio se procede a su análisis:

4. Extracción: se toman las muestras biológicas (saliva, uñas, cabello, sangre…) y se extrae su ADN purificado mediante un reactivo.
5. Amplificación: se sintetizan copias del ADN mediante una termocicladora con el fin de conseguir más material y, por ende, exactitud.
6. Comparación: se someten las muestras obtenidas a un cálculo estadístico con otros perfiles genéticos idénticos tanto de familiares o de personas sin vínculo de parentesco. De esta manera se elimina el factor de casualidad.

Para que la prueba sea concluyente es necesario que el resultado de probabilidad esté por encima del 99,99%.

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