8 DE enero DE 2018

Estamos acostumbrados a escuchar este término refiriéndose a una investigación criminal. Sin embargo, una autopsia es un procedimiento médico empleado para conocer el diagnóstico de la muerte de una persona y se realiza de manera habitual en los hospitales. 

El médico que lleva a cabo esta función se denomina patólogo y lleva a cabo un estricto protocolo que le ayudará a obtener información acerca de la causa de la muerte, su naturaleza y las patologías del cadáver.

Por tanto, existen dos tipos de autopsias: la clínica y la forense. La autopsia clínica se lleva a cabo en la morgue del centro hospitalario donde tuvo lugar el fallecimiento. En cambio, la autopsia criminal tiene lugar en laboratorios forenses y se da cuando el fallecido muere en circunstancias sospechosas.  Personal especializado en buscar signos de intervención de terceros buscan pruebas que esclarezcan las causas del delito.

El procedimiento habitual conlleva dos mecanismos de estudio: la observación y la disección. En primer lugar, se examina de manera externa las cavidades del cadáver y los fluidos. Se toman medidas corporales y se desviste al cadáver. Se recolectan muestras de las vestimentas para analizar restos de sustancias pertenecientes al agresor en caso de asesinato o de pólvora en caso de haber sido la muerte causada por una arma de fuego. Se toman fotografías y se examinan los restos debajo de las uñas.

Después, se limpia el cadáver en profundidad para evitar la contaminación del análisis. Se coloca el cuerpo en una camilla especial para autopsias y se procede a abrirlo. Se realiza un corte en forma de Y desde los hombros hasta el abdomen y se examina cada órgano del interior de manera visual.

Si se cree que algún órgano padece una anomalía se extrae dicho aparato para analizarlo en profundidad y extraer información más detallada. Se buscan lesiones o hematomas internos. También se extraen ciertos tejidos para estudiarlos exhaustivamente como contenido gástrico, muestras del hígado u orina.

Para la extracción del cerebro se corta la zona superior del cráneo y se extrae el cerebro completo. Por último, todos los órganos se vuelven a colocar en su lugar de procedencia y se cierra el cuerpo. Este examen se completa con análisis de sangre, radiografías, análisis de tejidos específicos o cualquier otro mecanismo que ayude a esclarecer la causa de la muerte.

Con todos los análisis realizados y los antecedentes el patólogo elabora un diagnóstico de la causa de la muerte. Esto puede resultar clave no solo para la resolución de un crimen sino en procedimientos habituales para conocer más sobre una enfermedad o prevenir a las personas de la familia del fallecido sobre problemas que pudiesen ser hereditarios.

Los antecedentes son un elemento vital a la hora de realizar el informe puesto que gran parte de la información relativa a la causa de la muerte se puede encontrar en el lugar de los hechos. En el caso de una muerte sospechosa de ser parte de un crimen la descripción inicial del cadáver y el estado en el que se ha encontrado contribuye enormemente a esclarecer las causas del suceso.

 

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