6 DE julio DE 2017

Los rasgos que definen un trastorno de la personalidad están relacionados con la forma de percepción e interacción de un individuo con el mundo. La identificación clínica del tipo de trastorno se basa en una serie de patrones sintomáticos recurrentes en el sujeto de índole biológico o/y psicológico-social.

Nos hemos basado en la tipificación recogida en el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) para elaborar nuestra propia clasificación:

Trastornos con baja o nula interacción social:

– Esquizoide: se autoexcluyen socialmente sumergiéndose en su mundo interior. Evitan todo contacto social y físico, no siguen las normas sociales y tienen tendencia al aislamiento y a las elucubraciones fantasiosas.
– Paranoide: la desconfianza e inseguridad en sí mismos les condiciona hasta el punto de mantener bajo sospecha y hostigar a todo el que les rodea. Su sensibilidad a la crítica y al rechazo social les provoca aislarse socialmente agudizando su rencor e ira.
– Trastorno de la personalidad por evitación: su alto grado de complejo de inferioridad y baja autoestima les condiciona hasta el punto de no querer relacionarse con el entorno por temor al rechazo y la crítica. Suelen sufrir grandes crisis de ansiedad con el consiguiente agravamiento del trastorno.
– Obsesivo-compulsivo: perfeccionistas, meticulosos e inflexibles, e incapaces de delegar en los demás. Se preocupan más por el modus operandi que por la actividad en cuestión. Suelen obsesionarse con el trabajo y lo material, son avaros y evitan el contacto social por no considerarlo productivo.

Trastornos con interacción social conflictiva:

– Antisocial: sienten un acusado desprecio por los demás e incumplen constantemente las normas sociales. Mienten compulsivamente, carecen de empatía y remordimiento, se irritan con facilidad, son inconstantes e irresponsables. Son psicópatas en potencia.
– Límite: marcado por las relaciones interpersonales inestables con tendencia tanto a la adulación como a la descalificación extremas. Son autodestructivos, con ideas continuas de suicidio y episodios muy acusados de ira y ansiedad. Suelen manipular su imagen e identidad, deformándola.
– Histriónico: necesitan ser siempre el centro de atención. Cambian de estilo periódicamente, manifiestan sus simpatías y antipatías de forma exagerada e imponen su propio criterio como el único válido. Se consideran altamente seductores y carismáticos.
– Narcisista: altamente egocéntricos, faltos de empatía y desconsiderados con los demás. Necesitan ser admirados y sienten una profunda envidia por todo lo ajeno. Su soberbia les lleva a comportamientos tiránicos y exigentes.
– Dependiente: necesidad excesiva de protección. Incapaces de tomar decisiones, dirigir su vida, asumir responsabilidades ni expresar su opinión. Sienten un profundo temor al abandono y a la soledad.

También te puede interesar