la teniente de la casa de la muerte

Dorothea Helen Gray nació el 9 de enero de 1929 en Redlands (California). Tras una vida marcada por la orfandad, el delito y numerosos matrimonios, se hizo famosa por asesinar entre 3 y 9 ancianos en su casa de huéspedes, calificada por la prensa como “la casa de la muerte”.

Una infancia marcada por la tragedia
En 1937, cuando Dorothea tenía ocho años su padre murió de tuberculosis. Al año siguiente, su madre fallecía en un accidente de tráfico con una motocicleta.
Dorothea pasó a vivir en un orfanato, una dura etapa de la que renegó durante el resto de su vida. Unos años después, la joven se mudó a Fresno (California) donde viviría con unos familiares hasta los 16 años.
Durante el juicio por sus crímenes, expertos en salud mental demostraron que Gray había sufrido una infancia llena de abusos que le dejaron graves secuelas durante toda su vida. Tanto con sus familiares como especialmente en el orfanato, los abusos físicos y verbales fueron continuos.

Adopciones, matrimonios y cárceles
A los 16 años, consiguió salir de su casa mediante el matrimonio. Su primer marido sería Fred McFaul, con el que estaría casada tres años y tendría tres embarazos.
Dorothea nunca quiso ser madre. Envió a su primera hija con sus familiares de Fresno, a la segunda la dio en adopción y el tercer embarazo terminó en un aborto. Tuvo otra hija más, que también dio en adopción.
A finales de 1948, McFaul la abandonó y ella nunca lo asumió. Siempre defendió que Fred murió de un infarto al corazón en una de sus costumbres más típicas: moldear la realidad a su antojo para que no le doliera. Ya lo hacía cuando negaba su dura infancia y lo siguió haciendo hasta que murió. Dorothea no asumía los momentos más traumáticos de su vida y se inventaría una vida más agradable, algo que también haría con sus crímenes.
En los 50 fue a la cárcel por primera vez, seis meses por falsificar cheques. En 1960 volvería a la cárcel durante 90 días por administrar un burdel.
Después de esta experiencia comenzó a trabajar de auxiliar de geriatría, su nueva vocación, casándose dos veces más, con Roberto Puente y con Pedro Montalvo, quién también abusaría de ella.

Asesina en serie por dinero
Según la tipología de los asesinos en serie, Dorothea Puente es una asesina hedonista, es decir, aquella que lo hace por el placer de hacerlo. Esta categoría está dividida en tres subcategorías y ella se encuadra dentro de la “asesino por comodidad o beneficio”, aquella que realiza el crimen no por el placer del crimen en sí como en los asesinatos hedonistas por emoción o lujuria, sino por lo que consigue posteriormente. En este caso, el dinero de todas sus víctimas. Según la policía, la asesina llegó a ganar más de 5.000 dólares mensuales.
En su casa de huéspedes en Sacramento (California), Dorothea envenenó con su medicación a varios ancianos, cuya muerte ocultaba para seguir cobrando sus pensiones. Este fue siempre su modus operandi. Les envenenaba con una sobredosis de medicación y, posteriormente, los hacía pasar por una muerte natural. Mientras no se descubría sus muertes, Puente seguía cobrando los cheques de los asesinados. En algunos casos, enterraba los cuerpos o los hacía desaparecer en un río cercano para que nadie los pudiera descubrir nunca.
Tras la denuncia de desaparición de uno de los inquilinos, la policía encontró ocho cadáveres enterrados en su propiedad, “muertes naturales” para la asesina. Después de que descubrieran un cuerpo sin identificar en un río, Ismael Flores, un trabajador de mantenimiento, confesó que Dorothea le pidió que tirara al río la caja con el cuerpo. Aun así, tardaron más de tres años en poder conectar el caso con los desaparecidos en su casa de huéspedes.
De los 9 asesinatos con los que se le relacionó, solo se pudo demostrar su participación en 3, por los que fue condenada.

Un jurado incapaz de sentenciar
El juicio duró un año, de octubre de 1992 a octubre de 1993. Durante su celebración, el Jurado llegó a un punto muerto, un empate entre culpabilidad e inocencia. La defensa mostraba a una persona generosa y cariñosa y muchos creyeron su versión.
Finalmente, el juez declaró al jurado incapaz de llegar a un veredicto y le sentenció a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional. Murió en prisión en 2011 a los 82 años por causas naturales, sin admitir sus crímenes.

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