el destripador español

Durante la década de 1870 la provincia de Álava vió nacer una terrorífica leyenda. Desde principios del siglo XIX se había dado fama a la figura del sacamantecas, un personaje de terror que aprovechaba la grasa a sus víctimas para uso doméstico. Juan Díaz de Garayo hacía realidad el mito, si bien sus crímenes lo situaban más en línea con aquellos de Jack el Destripador.

Apuntes biográficos

Conocido como el Sacamantecas de Vitoria, nació en la provincia de Álava en 1821. Era el noveno hijo de una familia muy pobre y analfabeta, razón por la que tuvo que trabajar como criado y campesino desde pequeño. Se casó en cuatro ocasiones después de enviudar en tres de ellas. No obstante, ninguna de estas muertes fueron provocadas por él. Se sospecha que su currículum criminal comenzó tras la muerte por viruela de su segunda mujer con la que mantuvo una relación muy conflictiva.

Víctimas de femicidio

Entre 1870 y 1879 asesinó a seis mujeres que se conociese. Cuatro de las víctimas eran prostitutas con las que no conseguía llegar a un acuerdo económico por el servicio sexual, una madre de familia de 53 años y una criada de 13. Sus crímenes tenían lugar en la llanada alavesa, una zona campestre que el asesino usaba como escenario cuando los labradores se retiraban a sus casas.

El modus operandi era el mismo en todos los casos: asesinato, violación y descuartizamiento, todo ello fruto de una aparente enajenación momentánea treméndamente violenta. Tras los crímenes y según las declaraciones de Díaz de Garayo, a cada asesinato le sobrevenía una lucidez que le hacía horrorizarse de lo acontecido. Algo que le llevó a achacar sus actos a posesiones demoníacas.

No fue hasta el tercer asesinato cuando la comarca comenzó a tomar precauciones. El sacamantecas no había dejado ninguna pista en las primeras víctimas, espaciadas por un año en el tiempo, y solo dos intentos fallidos pusieron a la policía sobre su rastro. Tras su último sangriento y cruel asesinato (una joven campesina que trató de resistirse), y gracias al testimonio de los vecinos de Vitoria, fue apresado. Pocas horas más tarde confesaría sus crímenes y las cuatro tentativas fallidas. Fue condenado a garrote vil en 1880 y ejecutado en 1881.

¿Asesino o loco?

La frenología surgió a principios del siglo XX interesada por la naturaleza física de los criminales. Las teorías sobre la evolución de Darwin junto con los estudios de Cesare Lombroso, autor de El Hombre Delincuente, hicieron que el caso del sacamantecas se sometiera a un análisis científico. Así fue que se convocó a participar en la autopsia del cadáver aún caliente a diez médicos militares, seis alienistas, el-sacamantecas-juan-diaz-de-garayo-001algún farmacéutico y una docena de periodistas. El Dr. José María Esquerdo y Zaragoza, ilustre y conocido frenópata dirigió toda la operación.

El resultado de la autopsia fue: cerebelo pequeño y aplastado; cuerpo romboidal disminuido y con mal color; corpúsculos de Pacchioni demasiado grandes y cresta occipital externa muy desarrollada. La conclusión médica determinó que el Sacamantecas no era un asesino sino que estaba loco.

Fundamentos fisonómicos y sociales

Según Lombroso, el delincuente nace con unas determinadas características físicas que lo delatan. Éstas coinciden con la descripción de las crónicas periodísticas sobre Garayo: frente estrecha y occipucio plano, con la base del cráneo ancha, color animado, pómulos salientes, facciones fruncidas, ojos pequeños, hundidos, desviados y uno de ellos torcido con siniestra mirada.

Además, el entorno familiar agudiza la tendencia criminal del asesino en potencia. En el caso de Garayo, su padre era un borracho despiadado, cruel y de poco fiar. Su madre era una histérica, sus cinco hermanos eran todos “raros” y sus esposas e hijos también generaron una importante inestabilidad familiar. En cuanto a él, las crónicas de la época lo sitúan como un buen hombre al principio pero que, con el paso de los años y los matrimonios, se volvió egoísta, frío y probablemente alcohólico, afición que incrementa aún más la predisposición a delinquir.

La historia del Sacamantecas fue tan popular que incluso Pío Baroja lo menciona en la novela ‘La familia de Errotabo’ y sirvió de inspiración a Tomás Salvador, donde, en ‘Cuerda de presos’, narra el traslado del Sacamantecas para ser juzgado en Vitoria. La novela obtuvo el premio nacional de literatura y fue llevada al cine, en 1956.

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