A comienzos de los años 90 las carreteras de varios estados de América se convirtieron en el escenario de una serie de asesinatos de mujeres elegidas al azar. El asesino, un camionero que firmaba sus crímenes con una cara feliz.

Antecedentes

Nació en 1955, en Chilliwack (Canadá) en el seno de una familia problemática, con un padre alcohólico y dominante. Como ocurre en muchos perfiles criminales, la infancia de Jesperson estuvo marcada por el maltrato. Era un niño de gran tamaño pero con una autoestima muy baja debido a las constantes humillaciones y burlas que recibía de su familia y compañeros de colegio. Solitario e inadaptado, buscaba su venganza usando a los animales como objetivo, a los que torturaba desde la edad temprana. Su impulso asesino fue incrementándose hasta intentar matar sin éxito a niños de su edad.

Desviándose del camino

Pese a sus antecedentes, Jesperson intentó formar una familia. Su matrimonio duró 14 años y tuvo 3 hijas. Sin embargo, las sospechas de sus infidelidades provocaron el divorcio, momento que marcó el inicio de un nuevo viaje inesperado: nacía un asesino en serie.

En 1990 cometió su primer crimen, Taunja Bennet era una mujer desconocida a la que llevó a su casa para tener relaciones íntimas, a la que tras una discusión, estranguló. Se deshizo del cadáver, abandonó sus pertenencias en un baño y dibujó una cara feliz en una nota como firma personal.

El asesino plagiado

Increíblemente este asesinato fue reconocido por otros autores. Jesperson, lejos de sentir alivio por la apropiación de su crimen, se ofendió. Había sido capaz de cometer uno de los actos “más poderosos”, decidir la muerte de un ser humano, y sin embargo, no se le reconocía. Comenzó entonces a enviar cartas a la policía y a la prensa para reivindicar su autoría, movido por un deseo de reconocimiento. Por desgracia sin éxito.

Su primera detención y nuevo modus operandi

La siguiente víctima logró escapar junto a su hijo de pocos meses tras ser agredida y sufrir abusos sexuales. El asesino de la cara feliz en esta ocasión no consiguió culminar su nuevo modus operandi que consistía en golpear, sodomizar y estrangular a sus víctimas dentro de su camión. Los cargos tan solo por abusos sexuales, e irregularidades en la causa, lo dejaron en libertad.

Durante 5 años, Jesperson consiguió actuar siguiendo este modus operandi, dejando a lo largo del país un total de 8 víctimas, que pese a ser firmadas con su nombre y una cara feliz, no fueron tomadas como un caso de asesino múltiple. Las víctimas eran prostitutas en su mayoría.

Cambio de careta y detención

En un principio el móvil de sus asesinatos parecía claro, un impulso sexual al que acompañaba una pulsión por el sufrimiento. Siempre amparado por el anonimato de ser personas desconocidas, asesinatos fortuitos. Sin embargo, el caso que produjo su detención fue distinto: asesinó a su compañera sentimental por sentirse utilizado económicamente. Fue la única víctima relacionada con él. Su captura era inminente, motivo por el que intentó suicidarse, pero cambió de idea y se entregó. En sus declaraciones confesó la autoría de 8 crímenes constatados y 160 más de los que a veces se retractaba y volvía a corroborar.

Su salto a la fama

Jesperson fue condenado a 3 cadenas perpetuas, pero su encarcelamiento le sirvió finalmente para afianzar la fama de la “marca comercial” que sin pensarlo, había creado. La cara feliz se convertiría en la firma de su obra pictórica pintada y vendida desde la cárcel. Incluso ha servido de inspiración a la serie televisiva americana El mentalista, participando como asesor.

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