el Drácula humano

Miyazaki Tsutomu (Tsutomu Miyazaki, en occidente), nació un 21 de agosto de 1962 en Tokio (Japón). Secuestró y mató a cuatro niñas de entre 4 y 7 años. Conocido como el ‘Drácula humano’ o el ‘Asesino de la Niña Pequeña’, sus crímenes incluían abusos sexuales, canibalismo y necrofilia.

Víctima de bullying

Miyazaki Tsutomu nació de manera prematura, hecho que ocasionó que sus muñecas no llegaran a desarrollarse del todo. Esta deformidad hizo que sufriera bullying en la escuela y se acomplejase hasta el punto de recluirse en sí mismo.

Un niño inteligente, pero solitario y aislado, que ya en aquella época empezó a mostrar señas de alejamiento de la realidad, como confesaba en su diario. Este alejamiento empezó a verse en el abandono progresivo de los estudios, donde una vez destacó como el más brillante de su clase, y su refugio en la lectura voraz de cómics.

Una familia que fomentó su aislamiento

En los ‘80, Tsutomu Miyazaki tuvo que desistir de su sueño de ingresar en la prestigiosa universidad de Meiji, una nueva frustración de la que culparía a su deformidad. Aun así, no se dio totalmente por vencido y se graduó en fotografía técnica y entró a trabajar en una imprenta al tiempo que volvía a la casa de sus padres. Es entonces cuando más relevancia cobra su contexto familiar.

La familia Miyazaki era la propietaria de uno de los rotativos más influyentes de Tokio, por lo que gozaba de un alto estatus en la sociedad. Lejos de facilitar la vida de Tsutomu, contribuyó a su aislamiento: la idiosincrasia de la sociedad japonesa (de relaciones personales más frías y distantes), la adicción de sus padres al trabajo y el rechazo de su hermana aumentaron el sentimiento de abandono que sufría el joven.

Otra de las frustraciones de Tsutomu era la sexual. Su temprano aislamiento, unido a un complejo de inferioridad sexual lo llevó a generar una inmensa inseguridad, como declararon compañeros suyos de instituto. Inseguridad que terminó haciendo que gradualmente se interesara por el porno y, más tarde, el porno infantil.

El detonante: la muerte de su abuelo

Entre todo este contexto familiar y personal, destaca en la vida de Miyazaki Tsutomu su abuelo, único miembro familiar que le mostró empatía y cercanía. Como atestiguan los psicólogos forenses que atendieron su caso, esta pérdida supuso la ruptura del último vínculo de Miyazaki Tsutomu con la realidad. Hecho que quedó más que patente cuando ingirió parte de las cenizas de su familiar, probablemente en un intento de “hacerlo parte de él”.

Por entonces, la relación de Tsutomu con el resto de la familia Miyazaki había dado un giro alarmante hacia la violencia, llegando a molestar sexualmente a su hermana y agredirlas a ella y a su madre.

El camino de la bestia

Aun así, nada hacía pensar que Miyazaki Tsutomu hubiera terminado cayendo definitivamente en una conducta psicopática: era un buen empleado y, de puertas hacia afuera, una persona amable. Nos encontramos ya, sin embargo, ante un sociópata consumado.

Tres meses después de la muerte de su abuelo, Miyazaki raptó a Mary Konno, una niña de 4 años. La metió en su coche y la asesinó debajo de un puente. Tras cometer el crimen, abusó sexualmente de su cadáver. Con esta primera niña inició el que sería su modus operandi: engañar a niñas que estaban solas para que se subieran en su coche para después estrangularlas, mutilarlas y abusar de ellas. En ocasiones, también fotografiaba a sus víctimas.

En apenas un año, asesinó a otras 3 niñas de entre 4 y 7 años utilizando el mismo ritual. En el que resultó ser su último crimen, en junio del 89, Miyazaki se llevó por primera vez el cuerpo en lugar de abandonarlo. Y durante los días siguientes se dedicó a masturbarse y grabarlo en vídeo. Cuando el olor se hizo más intenso, el asesino cortó la cabeza y las manos de la niña. Bebió su sangre —de ahí el apodo ‘Drácula’— y comió parte de una de sus manos. Por miedo a ser arrestado, Miyazaki finalmente decidió quemar todo rastro.

Durante la investigación se descubrió que todas las familias de las víctimas tenían algo en común: habían recibido llamadas telefónicas en las que nadie contestaba al otro lado de la línea. El padre de una de las niñas además recibió una caja con restos humanos calcinados, diez dientes de leche y parte de la ropa de su hija.

Años después un grupo de psiquiatras determinaría que este asesino sufría un desorden de personalidad múltiple y esquizofrenia paranoide, aunque era perfectamente consciente de la gravedad de sus crímenes. Miyazaki era un psicópata emocional, caracterizado por su inseguridad y baja autoestima cuyos actos criminales castigaban y acababan con sus víctimas, además de saciar su apetito sexual, en un intento de borrar su propia imagen de niño, una imagen traumática con la que seguía obsesionado años más tarde.

Ejecutado en la horca

La policía japonesa estaba alerta de la desaparición de las niñas aunque, en un principio, no se hallaba conexión entre las desapariciones. El 23 de julio de 1989 fue arrestado tras haber intentado asesinar a dos hermanas. La mayor consiguió escapar y avisar a su padre, quien, al llegar al lugar se enfrentó a él. Miyakazi Tsutomu escapó, pero la policía le capturó minutos más tarde.
Miyazaki, que confesó los crímenes, fue sentenciado a pena de muerte en la horca poco después de su captura. Su padre, que no quiso hacerse cargo del pago de su defensa legal, se suicidó arrojándose a un río en 1994 y Tsutomu fue ejecutado en el 2008.

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