la adicta al juego

El 10 de junio de 2006, la policía de Barcelona halló el cuerpo de una mujer de 83 años estrangulada en su casa. Dos ancianas más fueron encontradas en las mismas circunstancias el 27 y 30 de junio. Semanas más tarde sería detenida Remedios Sánchez Sánchez, que pasaría a la historia como La Mataviejas de España, curiosamente, el mismo apodo que recibiría en México Juana Barraza.

La Reme

Remedios nació en 1957. Fue la única mujer de los 12 hijos de un matrimonio pobre de la Galicia rural.
A los 16 años, impulsada por su familia, se mudó a Barcelona buscando mejorar su situación económica. No tuvo dificultades para encontrar trabajo en los bares de la ciudad y a los pocos años contrajo matrimonio y se convirtió en madre de dos varones gemelos.

La ludópata

Remedios tenía un carácter compulsivo que, con el tiempo, dió paso a una intensa ludopatía. Pasaba horas en los salones de juego y perdía en ellos todos sus ingresos. Cansado de esta situación, su marido le pidió el divorcio y los gemelos se quedaron con él. Sus condiciones de vida empeoraron. Trabajaba varios turnos, pero el dinero continuaba escapándosele en el bingo y las tragaperras, así que estaba asfixiada por sus deudas.
Es en esta época cuando comenzó a robar. Visitaba parques, mercados e iglesias en busca de mujeres mayores a quienes “esquilmar”. Era una mujer agradable que tenía experiencia de cara al público, por lo que le era fácil ganarse su confianza y después robarles el bolso o el monedero.
Al poco tiempo, este modus operandi ascendería a una escala mayor.

La Mataviejas

Remedios buscaba mujeres mayores de 75 años que, de preferencia, vivieran solas. Conseguía que la invitaran a casa o simplemente llamaba a la puerta e inventaba un pretexto para que la dejaran entrar.
Una vez adentro, las reducía con un golpe en la cabeza y las estrangulaba con lo que tuviera a mano: trapos, toallas, tapetes. Salía de ahí minutos después, llevándose dinero y joyas.
En menos de un mes, asesinó a tres ancianas. Intentó matar a otras cinco, pero era una asesina inexperta, cuyos ataques carecían de un sistema elaborado.

Captura

Tras la tercera muerte, la policía de Barcelona aceptó que se trataba de una asesina serial y lanzó una alerta pública a las mujeres mayores.
Las sobrevivientes y amigas de las víctimas describían a una misma sospechosa: una mujer de unos 50 años, con acento gallego que se presentaba como Mari. Los Mossos d’Esquadra no tardaron en encontrarla dentro de un bingo, absorta en una tragaperras.
La Reme los acompañó con calma. Cuando inspeccionaron su piso, aseguró que las joyas pertenecían a Mari, a la que alquilaba una habitación. Su versión era insostenible y, al notar que la policía no le creía, tuvo varios ataques de nervios.
El 2 de julio de 2008 fue condenada a 144 años y 7 meses de prisión.

Perfil psicológico

Remedios conservó un absoluto mutismo durante su juicio, que solo interrumpió para declarar que la asesina no era ella, sino la Mari. No es que intentase librarse de la sentencia, es que su mente disociaba absolutamente sus actos homicidas del resto de su vida. Para ella, su mentira no era tal y la Mari era el producto de un trastorno de la personalidad múltiple, con sus propios recuerdos.
Esta disociación con la realidad le permitía actuar con carisma y naturalidad cuando se presentaba ante sus futuras víctimas. Le permitió, también, permanecer inmutable ante las acusaciones hasta que su descubrimiento fue inminente.
La ausencia de huellas y los signos de impulsividad en sus ataques sugieren que era una asesina desorganizada, carente de método y con una fantasía de impunidad que probablemente se sustentaba en la disociación de personalidades.
En su perfil, particularmente común entre las asesinas seriales, se unen el interés económico con el placer por matar. El primero fue el móvil detonante del crimen: el dinero robado le permitiría mantener su compulsión ludópata. Sin embargo, el goce homicida se evidencia en el uso del estrangulamiento, un método habitual entre los asesinos en serie, ya que garantiza una muerte lenta, que pueden observar y sentir, así como en el hecho de que conservara las joyas, trofeos que guardaba en casa, objetos que le permitían revivir el momento en que tuvo el poder absoluto sobre otra vida.

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