el asesino de la autopista

Las autopistas estadounidenses han sido el escenario de más de un asesino serial. Uno de ellos, Willian Bonin, pasaría a la historia por encima de todos como “el asesino de la autopista”. A sus 33 años, fue sentenciado a muerte por violar y asesinar a más de 14 adolescentes en los tramos interestatales.

Abuso infantil

William George Bonin nació el 8 de enero de 1947 en Connecticut. Era el segundo de los tres hijos de un matrimonio de alcohólicos, que lo dejaban la mayor parte del tiempo a cargo de su abuelo, quien había sido encarcelado dos veces por conductas pedófilas.
Su padre abusó de él desde los cinco años y, poco después, fue enviado a un orfanato en el que recibió constantes abusos sexuales por parte de los niños mayores.
Cuando salió de ahí, con 9 años de edad, comenzó a ser señalado por acosar a su vez a los niños menores que él. Había dejado de ser una víctima para convertirse en un depredador sexual.

Vietnam

En 1965, fue enviado a la guerra de Vietnam. Regresó a casa tras tres años de combate, rodeado de condecoraciones por su valentía y buena conducta.
Más tarde se sabría que durante ese periodo violó a dos soldados a punta de pistola. Probablemente, la experiencia en el ejército fue un detonador clave para el desarrollo de sus conductas sádicas.

Primeros diagnósticos

En 1969, fue detenido por la violación de cinco adolescentes. En ese momento, los médicos descubrieron, por las cicatrices en su cuerpo, que había sido sujeto de abuso infantil. Sus testimonios de aquel entonces evidenciaron que él no recordaba ninguna de las vejaciones.
El diagnóstico fue extenso. Además de un desorden sexual originado por la incapacidad de resolver los abusos sufridos en la infancia, los psiquiatras detectaron un trastorno maniaco-depresivo y daño cerebral. Tras permanecer cinco años en un psiquiátrico, fue dado de alta. Un año después, fue encarcelado por violar de nuevo a un menor.

Nueva era

Bonin salió de prisión en 1978. Se mudó a un pequeño pueblo de California, consiguió empleo como conductor de camiones, novia y nuevas amistades.
En aquella época conoció a Vernon Brutts, un joven de 22 años que se enamoró de él. A los pocos meses, se convertiría en su primer cómplice.
Con la asistencia de Brutts, Bonin se consagró como asesino serial. Su procedimiento era siempre el mismo: recogía en su camión a adolescentes que hacían autoestop, los sodomizaba, asesinaba y abandonaba el cuerpo en cualquier punto de la autopista.
La primera víctima apareció en mayo de 1979. El joven Thomas Glen Lundgre de 14 años que había sido violado, castrado, apuñalado, degollado, deformado a golpes y asfixiado. En diciembre de ese año y tras encontrar cinco cadáveres con rasgos similares, la policía reconoció que se enfrentaba a un asesino serial.
Bonin continuó sus ejecuciones durante un año y medio. En ese periodo tuvo al menos cuatro cómplices, jóvenes psicópatas sexuales atraídos por su conducta sádica, que participaban en el secuestro y abuso de los adolescentes.

Detención

En mayo de 1980 William Pugh, uno de sus secuaces, fue encarcelado por el robo de un vehículo. Semanas más tarde, desde su celda, escuchó que en la televisión hablaban de la búsqueda del “asesino de la autopista” y decidió confesar que conocía al culpable.
Las declaraciones de Pugh no eran suficientes para inculpar a Bonin, por lo que la policía decidió seguirlo. El 2 de junio observaron cómo subió a un chico a su camión y lo detuvieron mientras intentaba sodomizarlo.

Juicio

Bonin fue juzgado por 14 asesinatos, agravados por necrofilia y robo. No expresó remordimiento alguno. De hecho, confesó haber cometido 21 homicidios en total.
Atemorizados por la posibilidad de ser condenados a muerte, sus cómplices declararon en su contra, explicando con detalle el modus operandi y las torturas ejercidas en sus ataques. Estos jóvenes, piscópatas con una baja estima, que los hacía fácilmente manipulables, habían sido seducidos por la fortaleza del carácter de Bonin. Su complicidad y fidelidad alimentaban el ego de Bonin, permitiéndole entregarse por completo a su incontrolable compulsión sexual.
El perfil de Bonin encaja con el de un psicópata primario (LINK al artículo “Los 3 tipos de psicópatas que existen”). Era capaz de llevar una vida totalmente normal que nunca levantó sospechas más allá de las acusaciones y sentencias de violación y sus actos estaban dominados por la impulsividad y la falta de memoria emocional.
Igual que una adicción, y aunque aseguró a sus compañeros en crímenes en numerosas ocasiones que no quería seguir matando, William Bonin sufría crisis homicidas puntuales que le llevaban a actuar más como una bestia que como un ser humano. Probablemente los horrores de la infancia, agudizados por su experiencia en la guerra de Vietnam, lo convirtieron en un explosivo de mecha extremadamente corta, sin distinción alguna entre el bien y el mal y con lapsus de éxtasis asesino. Su líbido despertaba mucho más que un deseo sexual.
En 1982, fue declarado culpable de 10 asesinatos y sentenciado a muerte. Un año después, recibió una segunda condena por otros cuatro asesinatos. En 1996, tras más de una década de apelaciones en los juzgados fue ejecutado en la prisión de San Quintín.

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