También llamado animus necandi, existe cuando el autor del delito posee la intención de quitar la vida a la víctima. Determina el tipo de homicidio y, por tanto, la pena a aplicar.
Esa intención de matar es un elemento subjetivo que debe deducirse a través de datos objetivos. Para facilitar esta inferencia, la jurisprudencia ha señalado una serie de circunstancias a tener en cuenta:
– La relación preexistente (si la hubiera) entre sujeto activo y la víctima
– El arma o medios utilizados
– La zona del cuerpo de la víctima a la que apuntaba el ataque
– La fuerza y (si hubo) repetición de los impactos
– Si antes o durante la agresión se profirieron palabras, cuáles fueron y de qué índole
– Si se socorrió a la víctima
Entre otras.

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