Este tipo de homicidio ocurre cuando el agresor provoca de forma deliberada y consciente la muerte de su víctima. Incluye aquellos casos en los que la muerte no llega a producirse, pero queda patente la intención del culpable, es decir, existe “ánimo de matar”. El homicidio doloso supone penas de prisión de 10 a 15 años.

Dos figuras íntimamente relacionadas con las del homicidio son el “desestimiento” y el “asesinato”.

También te puede interesar

El Arropiero

el asesino más sangriento de España