Si atendemos a la definición de instinto como un impulso natural e irracional transmitido genéticamente y lo vinculamos a la conducta criminal de un asesino, sería necesaria una redefinición de la expresión idiomática añadiendo matices exógenos. Hablar de perversión criminal sería más acertado ya que, además de contar con rasgos de una personalidad destructiva y violenta, interviene un comportamiento antisocial agravado según el nivel de hostilidad del entorno social del individuo.

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