21 DE septiembre DE 2020

En 2019 dos terribles atentados contra dos mezquitas en la ciudad neozelandesa de Christchurh dejaba un balance de 51 muertos y más de 40 heridos.

Brenton Tarrant fue el autor de los ataques. Durante un año, desde que consiguió su licencia de arma, comenzó a almacenar armas y más de 7000 cartuchos de munición. Además creó todo un arsenal de información sobre las mexquitas de Nueva Zelanda, memorizando sus planos, horarios de cuándo había más gente, todos los detalles para hacer el mayor daño posible. Transmitió en directo a través de Facebook todo su operativo. Esto hizo que pudiera ser localizado y detenido mientras se dirigía a la tercera mezquita para repetir la matanza que acababa de perpretar.

Hace unas semanas se celebró el juicio en el que los 91 supervivientes y familiares de los fallecidos dieron su testimonio del infierno vivido. Durante los testimonios Breton Tarrant se mostró impasible, sin pizca de humanidad e incluso se permitió el lujo de mirar burlonamente a algunos de los familiares de los fallecidos. 

La sentencia del juez dio algo de alivio a los familiares: «Tus acciones fueron inhumanas, no mostraste piedad. Mataste deliberadamente a un bebé de tres años mientras se aferraba a la pierna de su padre», «no solo eres un asesino, sino un terrorista». Después el juez Cameron Mander nombró una a una a las 51 personas asesinadas.

Cadena perpetua para el asesino que aunque jamás podrá devolver la vida a los fallecidos, da algo de consuelo a sus familias.

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