26 DE marzo DE 2019

El 7 de junio de 2004, la ciudad de Burgos amanecía con una trágica noticia: la familia Barrio había sido asesinada en su propia casa. El único superviviente de la cruel matanza fue el hijo mayor del matrimonio: Rodrigo

 

EL ASESINATO

Los hechos ocurrieron la madrugada del domingo al lunes. El matrimonio compuesto por Salvador Barrio, de 53 años, y Julia dos Santos, de 47 años, y su hijo menor de 12, Álvaro, se encontraban en su casa. Rodrigo, el hijo mayor, acababa de ingresar en un internado.

Los allegados de la familia, al no tener noticias de ellos al día siguiente, se presentaron en la casa. Una vez dentro, encontraron una escena dantesca: el cuerpo de Salvador, en la cocina, presentaba 50 puñaladas; el de Julia, en la cama, 17 cuchilladas y, el del pequeño Álvaro yacía en el pasillo con el mismo número de puñaladas.

Los investigadores apuntan a que el asesino tenía las llaves de la vivienda o conocía a la familia, pues la puerta no había sido forzada. Además, tenían clara una cosa: quien hubiese sido quiso asegurarse de que ninguno quedara con vida, pues los tres tenían cortes profundos en la garganta.

 

LÍNEAS DE INVESTIGACIÓN

Lo único que tenían los investigadores era la huella de una zapatilla Dunlop de talla entre la 42-44. El asesino se empeñó a fondo en no dejar pistas en la escena del crimen, lo que complicaría mucho dar con él.

Llamó mucho su atención que, a pesar de encontrar esas pisadas dentro de la casa, no había ni rastro de ellas fuera. Se cree que el asesino pudo cambiarse de ropa y de calzado antes de abandonar el escenario.

Abrieron varías líneas de investigación para desenmascarar al asesino de la familia Barrio dos Santos. La principal tenía que ver directamente con Salvador. Era alcalde de una pedanía cercana,La Parte de Bureba, y podía tener enemigos políticos. Sin embargo, las autoridades terminaron descartando esta teoría por falta de pruebas.

Tras agotar todas las líneas de investigación que tenían abiertas, la policía se fijó en el hermano mayor: Rodrigo.

 

“OPERACIÓN CAÍN”

Rodrigo Barrio estudiaba en un internado en Aranda de Duero. Tras pasar el fin de semana en la casa familiar, el domingo su padre le llevó a la parada de autobús que le llevaba de nuevo al internado.

Hay quien afirma que la familia manifestó en más de una ocasión que Rodrigo, de 16 años, era un chico conflictivo. Los investigadores comenzaron a trabajar con una nueva hipótesis cuyo principal sospechoso era el joven. La llamaron “Operación Caín”.

El móvil que podía tener el hijo mayor de los Barrio era los celos hacia su hermano pequeño. Se trabajó en esta línea y, tras varias investigaciones, detuvieron a Rodrigo tres años después del triple asesinato.

En ese momento, tenía 19 años. A pesar de ser mayor de edad, era menor cuando ocurrieron los hechos. La policía consideró suficientes los indicios que presentaban que lo apuntaban como autor de la masacre. Sin embargo, la fiscalía de menores determinó que no eran más que conjeturas y no pruebas firmes. El joven continuó siendo investigado hasta 2010.

 

NUEVOS HALLAZGOS

Al descartar a Rodrigo como autor del triple asesinato, el crimen de los Barrio seguía sin resolverse. Desde que ocurrieran los hechos en 2004, era la primera vez que la policía se quedaba sin sospechoso.

El brutal atropellamiento en 2011 de una mujer de 84 años, Rosalía Martínez, en La Parte de Bureba, hizo saltar las alarmas. Las autoridades encargadas de la investigación del caso coincidían en que fue intencionado.

Un año después de este suceso, se encontró el coche con el que dieron muerte a la anciana. En él, había restos del ADN del culpable: Ángel Ruiz, “Angelillo”. Este hombre, de 52 años, era un viejo conocido de la Guardia Civil y se le conocía por su extrema violencia.

Ángel Ruiz también tenía antecedentes por amenazas y era sospechoso de la desaparición de un hombre búlgaro, Shibil Angelo Shibilov, que contrató como sicario para que asesinara a un familiar en Bilbao. Este cobró un adelanto y se marchó a su país sin matar a nadie. A su regreso, desapareció.

Tras estos acontecimientos, se le relacionó con la muerte de la familia Barrio, de la que ya había sido sospechoso. Se registró su domicilio y allí hallaron varios juegos de llaves;  el del despacho de Salvador era uno de ellos.

Además, “Angelillo” fue identificado como el autor de una pintada con insultos en el panteón en el que fue enterrado Salvador Barrio. La hizo poco después de su muerte.

Actualmente, cumple condena por el asesinato de la anciana y no se ha podido demostrar su implicación con el triple crimen de la familia Barrio. Sin embargo, varios medios afirman que hay familiares que aún desconfían del hijo mayor del matrimonio.

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