2 DE noviembre DE 2019

Hoy en día es más que habitual que demos datos personales, ajenos a lo que eso implica. Si tenemos un perfil de Facebook por ejemplo, nuestro nombre y apellidos, fecha de nacimiento, gustos, hasta al colegio que hemos ido, son datos públicos. Muchas veces no somos conscientes lo que eso implica y nos alegramos cuando para registrarte en una app o web nos dejan hacer «social login» (cuando te registras a través de facebook), sin ser conscientes que le estás cediendo tus datos a esa app.

Si para nosotros son valiosos nuestros datos (aunque a veces los demos indiscriminadamente), para las empresas lo son aun más. ¿No te has preguntado alguna vez por qué en ciertos comercios te piden tu código postal cuando pagas?. Las grandes compañías pagan millones por conocer los hábitos de consumo o los gustos de un sector de la población específico y así poder lanzar su oferta de forma directa y conseguir ventas.

¿Alguien ha leído alguna vez las condiciones de uso de una red social cualquiera? ¿qué tratamiento hacen de nuestros datos?. La normativa actual estable distintas medidas, cada una enfocada en un momento concreto del tratamiento de la información, otorgando derechos a la compañía a la que se los has cedido en distintas fases. La primera parte es cuando te das de alta y te explican que van a coger tus datos y que ellos van a estar en sus servidores, además de explicarte qué compañía son y a qué se dedican (redes sociales, medios de comunicación, tiendas…). Lo que pocos sabemos, es que por el artículo 15 del Reglamento General de Protección de Datos, los usuarios tenemos la potestad de exigir a la empresa a la que hemos cedido nuestros datos, que nos digan qué datos tienen guardados, su origen, su finalidad y si han sido facilitados a terceras partes. Además podemos exigir que sean borrados o que dejen de ser compartidos.

Por todo ello, se está trabajando para «anonimanizar los datos», es decir, hacerlos anónimos. Esto se puede lograr si los datos se separan de su contexto. Una empresa puede saber los apellidos de todos sus usuarios, pero si a sus apellidos van unidos sus lugares de nacimiento o residencia o la edad, se crea un perfil. Si los datos están aislados entre si, son anónimos y no dan un perfil exacto de nuestra identidad. 

Cuanta más información demos por internet, más claro tendrán nuestro perfil y puede tener consecuencias negativas si un hacker si hace con ellos por ejemplo. Otras veces pueden ser positivas ya que internet «aprende» y según nuestros hábitos de navegación nos ofrecen ofertas que saben que nos van a gustar por ejemplo. Como todo, hay que hacer un uso responsable de las nuevas tecnologías y ser plenamente conscientes de las implicaciones que tiene revelar todo acerca de nosotros.

 

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