3 DE julio DE 2019

Hace más de 27 años que España quedaba conmocionada por el caso de las niñas de Alcàsser. Pero lejos de estar cerrado, la aparición de restos óseos en la fosa donde fueron encontradas las niñas reabre viejas heridas.

El pasado 24 de junio un vecino de Piles encontró junto a su novia restos óseos en la zona donde las niñas aparecieron. Tras ser analizados por la Unidad de Antropología Forense del Instituto de Medicina Legal de Valencia se ha determinado que se trata de cuatro falanges humanas.
El hallazgo está pendiente de ser trasladado a un laboratorio para extraer ADN y cotejarlo con el de las niñas al igual que ya ocurrió hace dos años con la aparición de un premolar. Por desgracia, el premolar había permanecido demasiado tiempo al sol lo que impidió obtener información genética relevante.
Cuando los cadáveres fueron encontrados, a una de las niñas le faltaban varios huesos de una mano, al parecer arrancados por un animal, lo que podría encajar con la aparición ahora de las falanges.

Será el Juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 6 de Alzira el que determine si los restos pueden ser trasladados y analizados.

EL CASO ALCÀSSER
Toñi, Miriam y Desirée desaparecieron el 13 de noviembre de 1992 cuando se dirigían a una discoteca del pueblo colindante, Picassent. Tras varias semanas de angustiosa búsqueda, siguiendo numerosas pistas y reconstruyendo una y otra vez el recorrido que hicieron las chicas, llegó la peor de las noticias. Los cuerpos de las tres amigas aparecieron el 27 de enero de 1993 en el barranco de la Romana, a 50 km de Valencia.

El mismo día que fueron encontradas ya había un sospechoso, Enrique Anglés, al encontrarse un volante médico en la fosa. Cuando la Guardia Civil se personó en su domicilio se llevaron a dependencias policiales para su interrogatorio al propio Enrique, su hermana Kelly, el novio de esta y la madre.
Mientras se procedía al registro de la vivienda llegaron otros dos hermanos Anglés, Ricardo y Mauricio y su amigo Miguel Ricart.

Tras examinar a Enrique Anglés, su discapacidad intelectual determinó que el volante médico pertenecía realmente a otro de los hermanos, Antonio, un delincuente habitual que casualmente desapareció en el momento en el que encontraron a las pequeñas.

Miguel Ricart declaró voluntariamente y tras determinarse que su coche coincidía con el que los testigos habían visto, fue detenido. Posteriormente confesó su participación en el triple crimen, contando qué ocurrió en la fatídica noche. Fue juzgado y sentenciado a 170 años de cárcel de los que solo cumplió 21.

Antonio Anglés sigue desaparecido desde entonces. El pasado mes de junio su ficha de Interpol fue renovada por lo que sigue encabezando la lista de los nueve fugitivos españoles más buscados por todo el mundo. El tiempo sigue pasando y de no ser encontrado antes de 2029, el caso quedará archivado al no poder ser imputable.

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