7 DE marzo DE 2019

Estados Unidos es el país con más presos del mundo. Actualmente, 2,2 millones de personas están entre rejas en cárceles estadounidenses cuyo sistema penitenciario ha sido objeto de polémicas en múltiples ocasiones.

Al contrario que en España, el sistema judicial y penitenciario de la primera potencia mundial está más enfocado a castigar al criminal que a garantizar su reinserción. Torturas, palizas y racismo son algunas de las malas prácticas de las que se acusa a las prisiones de Estados Unidos.

 

EL CASO DE KALIEF BROWDER

No se concibe hablar de la prisión de Guantánamo sin nombrar las torturas y vejaciones a los internos. Sin embargo, no es la única cárcel estadounidense en la que se maltrata a los presos.

En 2015 salió a la palestra el caso del joven Kalief Browder. Tras ser detenido en 2010 con 16 años por el presunto robo de una mochila, fue trasladado a la prisión de Rikers Island, en Nueva York.

Pasó tres años preso a la espera de juicio. Nunca fue juzgado y quedó en libertad en 2013. Durante este tiempo, Browder fue sometido a incontables torturas, tanto por parte de funcionarios de la prisión como de otros internos, tal y como reveló The New Yorker. 

Lamentablemente, el de Kalief Browder no es el único caso de violencia desmedida de este centro penitenciario. Un informe elaborado por el Departamento de Justicia estadounidense en 2014 aseguraba que en esa prisión estaba “profundamente asentada la cultura de la violencia y se habían violado los derechos de los adolescentes”.

 

REFORMA PENITENCIARIA

Hay quien afirma que en Estados Unidos el sistema penitenciario no está diseñado para reformar la conducta de los criminales y reinsertarlos; busca castigarlos.

“No hay ninguna rehabilitación en EEUU en el 90% de los casos. De vez en cuando aparece algún alcaide con diferentes ideas sobre cómo hacer las cosas, pero es muy poco habitual”, declaró Piper Kerman, autora de Orange is the New Black, en una entrevista concedida a El Confidencial en 2014.

Con más de 2 millones de presos, Estados Unidos está a la cabeza del resto de países. Con el fin de poner remedio a esta situación y comenzar a paliar la política de “ley y orden” que inició Donald Trump en 2016, a finales del pasado año comenzó una reforma penitenciaria.

Convertida en ley a finales de diciembre de 2018, promete acabar con duras medidas como a condenar a cadena perpetua a quienes hayan cometido tres veces delitos relacionados con drogas y se conmutará por 25 años.

Esta reforma judicial afectará a parte de las personas que se encuentran entre rejas actualmente. Este acuerdo, denominado First Step, es la primera medida bipartidista de la “Era Trump”.

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