13 DE abril DE 2020

Los juzgados siempre son un lugar donde comparten espacios demandas y juicios por temas muy delicados como asesinatos o agresiones, pero también tienen cabida demandas absurdas que hace a más de un juez esbozar una sonrisa cuando llega a sus manos el sumario del caso.

En 2004 en Fond Du Lac (Wisconsis, EEUU), Timothy Dumouchel demandó a una cadena de televisión por haber hecho engordar a su esposa y por convertir a sus hijos en «vagos zaperos» (palabras textuales). Argumentaba además que sus hábitos de fumador y bebedor estaban influenciados por ver la televisión a diario en los últimos cuatros años. La demanda obviamente, fue anulada.

En Rumanía, un preso condenado 20 años por asesinato demandó a Dios. Su argumentación es que al ser bautizado, Dios se comprometía a mantenerle alejado de los problemas. Obviamente, la demanda fue desestimada.

Una demanda que llegó a puerto ocurrió en Massachusetts (EEUU) cuando en 2005 un hombre denunció a su mujer al haberle fracturado el pene mientras practicaban sexo. Al parecer una maniobra brusca de la demandada hizo que se produjera la fractura y tuviera que ser reparada con cirugía.

Cathy McGowan fue muy feliz durante unos días, al ganar un Renault Clio en un concurso de radio. Al ir a recogerlo, le entregaron el coche, pero de juguete. Demandó a la emisora de radio, pero al haber especificado en bases legales que el coche era de juguete, fue desestimada.

Marina Bai, una astróloga rusa, demandó a la mismísima NASA por  haber interrumpido el equilibrio del universo. Argumentaba que la sonda espacial Deep Impact debía impactar contra un cometa a finales de 2005 para poder recoger el material resultante de la explosión. A sus ojos, se trataba de un acto terrorista.

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