26 DE octubre DE 2016

Las huellas dactilares son uno de los métodos biométricos preferidos por los criminólogos. El secreto de su éxito reside en que son fáciles de recoger y en que existen en la actualidad ingentes y fiables repositorios con los que compararlas.
También han contribuido los grandes avances tecnológicos que se ha desarrollado en esta especialidad desde los primeros reconocimientos manuales del siglo XIX, hasta los actuales sistemas automáticos de identificación de huella dactilar (AFIS, por sus siglas en inglés).

¿Qué convierte a las huellas dactilares en una evidencia tan útil para la investigación criminal?

Las llamadas crestas papilares que las conforman son pliegues que aparecen en la epidermis de nuestros dedos entre el tercer y cuarto mes de embarazo. Estos rasgos no dependen únicamente de la información genética, sino que están determinados por el ambiente (la posición del feto, los movimientos en el vientre de la madre, la presión sanguínea…), y de ahí que no existan dos huellas iguales. Ni siquiera los gemelos monocigóticos, que cuentan con información genética idéntica, poseen las mismas huellas dactilares. Tampoco los clones, aunque compartan el mismo ADN.

La prueba criminal inalterable

Las huellas dactilares, además, permanecen inalterables en el tiempo y pueden categorizarse de forma cuantitativa, dos características imprescindibles para que puedan considerarse un método biométrico o de identificación individual.
Estas evidencias empezaron a utilizarse en criminalística en el siglo XIX y en concreto en 1892, en Argentina, por primera vez fueron críticas para resolver un caso; aunque no sería hasta seis años después, en Bengala, cuando se usaron como prueba en un juicio.
En 1969, el FBI impulsó el desarrollo de sistemas que automatizaran el reconocimiento de huellas dactilares, algo que hasta entonces se hacía de forma manual y requería que los expertos dedicaran innumerables horas a la comparación. Seis años más tarde apareció el primer lector que utilizaba tecnología láser y, en 1981, existían ya cinco softwares AFIS. El estándar internacional apareció en 1999.

Soluciones tecnológicas para la identificación por huella dactilar

Las soluciones informáticas convierten el patrón de crestas y valles en una secuencia numérica que codifica los rasgos específicos y los compara con los almacenados en las bases de datos de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Para ello se utilizan una serie de algoritmos y fórmulas matemáticas que garantizan la precisión de los resultados.
Aunque las pruebas genéticas han ido desplazando a las huellas dactilares como herramientas de identificación, aún son utilizadas por las fuerzas del orden como complemento para identificar personas, reconocer cadáveres y establecer sospechosos. Además, han ganado protagonismo en el terreno civil como herramienta de identificación individual. ¿Uno de los ejemplos más conocidos? El lector de huellas dactilares del iPhone.

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