26 DE octubre DE 2016

El trabajo del investigador es lo que permite esclarecer el delito y detener a los autores, de ahí que sea una labor minuciosa que ha de llevarse a cabo siguiendo un método científico. Según el perito judicial Luciano Posada García, profesor de criminalística y director de la revista uruguaya Análisis e investigación, este método consta de dos fases:

1. Observación y análisis de los hechos

El objetivo de esta primera etapa es averiguar cómo ocurrieron los hechos y qué medios se utilizaron para cometer el delito. Se recogen además todos los elementos que permitan buscar e identificar al autor o, al menos, demostrar su presencia en el lugar.
Cuando un detective llega a la escena de un crimen, debe establecer un perímetro protegido para preservar cualquier indicio hasta la llegada de la policía científica, que será la encargada de documentar, medir y fotografiar cada elemento. A continuación, el investigador identificará a los testigos directos y, tras un breve interrogatorio verbal, los conducirá a un lugar aislado para tomarles declaración por escrito.
Esta fase incluye también el registro del domicilio de la víctima o de aquellos sitios donde puedan encontrarse agendas, notas y todo documento que permita descubrir cómo es, con quién se relaciona y a qué se dedica.

Técnicas de la criminalística

Tras esa primera recopilación de evidencias, el trabajo continuará en el laboratorio de la policía técnica y del médico forense, en caso de tratarse de un homicidio. Estos expertos serán los encargados de analizar las pruebas para localizar los indicios biológicos, toxicológicos, químicos, físicos y balísticos relevantes para la investigación.
Se utilizan para ello 5 técnicas principales:
1. Medicina forense: también denominada medicina legal, es el conjunto de conocimientos médicos y biológicos que se aplican para auxiliar la labor de los tribunales y la administración de justicia.
2. Hematología y serología: se trata de la especialidad médica que estudia la sangre y diagnostica y trata desórdenes relacionados con esta (anemia, hemofilia, leucemia…), los ganglios linfáticos y la médula ósea.
3. Dactiloscopia: un método de identificación de personas que consiste en comparar las impresiones digitales (tomadas de forma voluntaria por las autoridades) y las huellas (dejadas involuntariamente en el lugar de los hechos).
4. Balística: es la ciencia que estudia el movimiento de proyectiles disparados por cañones o armas ligeras, así como el vuelo libre de bombas o cohetes. Permite identificar el arma utilizada.
5. Documentoscopia: que practica el examen total y pormenorizado de un documento (manuscritos, mecanografiados, tarjetas de crédito, carnets identificativos…) para detectar adulteraciones o falsificaciones y verificar la identidad escritural.

2. Elaboración de hipótesis

Una vez que ha recogido toda la información posible acerca de los hechos delictivos, su contexto, las víctimas y su entorno, el detective elabora hipótesis lógicas basadas en esos datos. Esta tarea debe ser también sistemática, empezando por la teoría más plausible y explotando cada una a fondo.
Debe trabajar en espiral, partiendo de la persona sospechosa: su personalidad, sus antecedentes, su nivel económico, sus relaciones personales, las actividades que realiza… Aquí se contempla la detención, el interrogatorio y el allanamiento del domicilio de los sospechosos.
También puede recurrir a otras fuentes y comparar el delito con crímenes similares. Todo ello con la finalidad de identificar a los autores del crimen y establecer su responsabilidad en él.

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