Corría el año 1912 cuando Enriqueta Martí fue detenida en su casa de Barcelona. El motivo de su detención fue el secuestro de Teresita Guitart Congost, de cinco años de edad. A partir de aquí, y alimentados por la prensa de la época, se generaron un sinfín de rumores y truculentas historias acerca de Enriqueta que acabaron por convertirla en una asesina en serie. La primera que habría visto Barcelona en su historia.

 

En la deprimida Barcelona de principios del siglo XX ocurrió un secuestro que conmovió a la ciudad y resulto ser un escándalo. Teresita Guitart Congost despareció el 10 de febrero de 1912, cuando jugaba con sus amigos.

 

Fue Enriqueta quien, traumatizada por la muerte de su hija de 10 meses a causa de la malnutrición, secuestró a la niña y se la llevó a casa. A una vecina de Enriqueta ya le había llegado a sus oídos el caso del secuestro de Teresita, por lo que cuando vio a una niña desconocida tras la ventana de su vecina, se lo dijo a un tendero de su calle, quien a su vez informó a la policía. Dos agentes fueron enviados al piso y, con la excusa de una denuncia por tenencia de gallinas en su domicilio, entraron y encontraron a Teresita, la niña que había desaparecido 17 días antes.

 

La noticia del secuestro y la detención de Enriqueta, unidas a la indignación que flotaba en el ambiente por la multitud de secuestros de niños que golpeaban a la ciudad por entonces, provocaron que muchos vecinos protestaran en la puerta de su casa y provocaran algunos disturbios.

 

Fue a partir de entonces cuando la tinta, la imaginación y el boca a boca comenzaron a correr irrefrenablemente y cimentaron una oscura leyenda acerca de la secuestradora. Y es que hasta hace muy poco tiempo se ha dado por cierto el relato que contaba que Enriqueta se dedicaba al secuestro, tráfico y asesinato de niños. Por un lado, para dedicarse al proxenetismo y, por otro, para fabricar con sus cuerpos ungüentos, pócimas y remedios que utilizaba como curandera para prestar sus servicios a la alta sociedad barcelonesa. Se contó que se habían encontrado restos de sangre, óseos y grasa humana en su domicilio y que era incontable el número de niños a los que había secuestrado, asesinado y descuartizado. Se la conocía como la vampira de Barcelona, aunque se ha demostrado que su historia fue mucho más sencilla de lo que la leyenda cuenta. Fue una mujer a la que le tocó vivir en una Barcelona deprimida, traumatizada por la muerte de una hija y con problemas mentales que cometió un delito de secuestro y que acabó falleciendo de cáncer antes de ser condenada. Hasta su muerte estuvo rodeada de literatura: se contó que murió a manos de otras reclusas tras una paliza mortal.

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