El Hombre Lobo de Allariz

Manuel Blanco Romasanta fue conocido como El Hombre Lobo de Allariz y también como El Sacamantecas. Aunque esta última figura es atribuida a varias personas diferentes. Romasanta vivió en España entre los años 1809 y 1863 y, aunque el solo confesó nueve, se le atribuyen entre 13 y 17 víctimas, según la fuente.

 

El comienzo de su vida fue algo peculiar, ya que cuando nació se le bautizó como Manuela Blanco Romasanta, puesto que sus progenitores no sabían cuál era su género. A los ocho años de edad, su partida de nacimiento fue modificada, quedando reflejado desde ese momento su nombre masculino. Investigaciones actuales dicen que podría haber nacido intersexual.

 

Pasó gran parte de su vida trabajando como vendedor ambulante, primero por las cercanías de su pueblo natal en Orense, y después por toda Galicia. Allá por donde pasaba, y debido a sus costumbres – le gustaba tejer – y a su marcado carácter afeminado, se ganaba la confianza y el amor de mujeres, generalmente solteras y con ensueños de una vida mejor. Las convencía de que, trasladándose a otras partes del norte, como la ciudad de Santander, conseguirían mejorar sus vidas. Estas abandonaban sus tierras y, cuando Romasanta las acompañaba a través del bosque, las asesinaba. Así actuó varias veces.

 

Cuando los familiares o amigos de las víctimas preguntaban por ellas, les llegaban cartas escritas supuestamente por las mismas, hablando de una nueva vida en sus lugares de destino de la que no regresarían, pero en realidad las había escrito él.

 

Se cree que Romasanta recopilaba la grasa de sus víctimas y la vendía como ungüento cuando ejercía de vendedor ambulante. Este hecho empezó a suscitar sospechas y huyó de Galicia. Pero en 1852 se presentó una denuncia en Escalona, alegando que un vendedor ambulante engañaba a mujeres para que viajaran con él y después desaparecían para siempre. Las autoridades dieron con él, fue detenido en Toledo y trasladado a Orense para ser juzgado.

 

El asesino confesó haber matado a nueve personas porque se transformaba, sin poder controlarlo, en lobo: “La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso. Me encontré con dos lobos grandes con aspecto feroz. De pronto, me caí al suelo, comencé a sentir convulsiones, me revolqué tres veces sin control y a los pocos segundos yo mismo era un lobo. Estuve cinco días merodeando con los otros dos, hasta que volví a recuperar mi cuerpo. El que usted ve ahora, señor juez. Los otros dos lobos venían conmigo, que yo creía que también eran lobos, se cambiaron a forma humana. Eran dos valencianos. Uno se llamaba Antonio y el otro don Genaro. Y también sufrían una maldición como la mía. Durante mucho tiempo salí como lobo con Antonio y don Genaro. Atacamos y nos comimos a varias personas porque teníamos hambre.”

 

La sentencia consideró que el acusado no estaba loco ni era un maníaco, por lo que se le condenó a pena de muerte por garrote vil.

 

La vida le cambió cuando, un hipnólogo francés que había seguido toda la causa, escribió al Ministerio de Gracia y Justicia notificando que si mataban a Manuel Blanco Romasanta cometerían un grave error, ya que este podría sufrir de licantropía. Además solicitó la intervención de la reina Isabel II, quien había patrocinado toda la causa. La reina le concedió la conmutación de la pena a cadena perpetua.

 

Aunque los restos de Romasanta nunca aparecieron, se cree que pudo morir en 1863 en una prisión de Ceuta a causa de un cáncer de estómago. Tampoco aparecieron los restos de ninguna de sus víctimas.

 

 

 

 

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